Ilustración de José Bielsa

RESEÑA DE AMADEO COBAS EN 'LA TORMENTA EN UN VASO'

Reseña de Amadeo Cobas en el blog de crítica literaria La Tormenta en un Vaso:


http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/09/los-patos-de-central-park-marina.html


«Los hilos que mueven los afectos son tan finos que a menudo no somos capaces de verlos. Pero están ahí, y pueden romperse en cualquier momento. Un gesto, una palabra, una sospecha, un pensamiento, bastan para tensarlos. Hasta que se quiebran y resulta difícil recomponerlos, por la misma fragilidad de su naturaleza. Pero, por alguna extraña razón, hay sentimientos que perduran y cariños que no se rompen por mucho que el tiempo o la distancia intenten desgastarlos». Esta frase, que inicia un capítulo intermedio del libro, serviría de prefacio para presentar la obra en su conjunto, para sintetizarla en nueve líneas bien intensas y para reconducir al lector sin pérdida posible sobre lo que prima aquí. Y no es sino la evocación descarnada de Diana, la protagonista, varada en una etapa de su vida en plena transformación, justo ahí donde se ubican las preguntas trascendentales para proseguir su caminar por un derrotero u otro; justo cuando los remordimientos y las autoconvicciones pretenden amarrar el tiempo pasado a la memoria como un lastre impedidor de la toma de nuevas decisiones por miedo a tomar una errónea.

El haz de luz principal de esta novela enfoca unas introspecciones emanadas de lo particular y que desembocan en lo general. Así, la autora da en la “diana” al presentarnos a una protagonista con la cabeza muy bien asentada, reconocedora de las equivocaciones y también de los aciertos con los que ha construido el edificio de su vida. De paso vamos conociendo las maneras de Marina Fernández, una escritora que muestra como carta de presentación narrativa esta novela corta, en la cual destila método a la par que originalidad, se recrea con unas atmósferas muy pulcras y sobre todo se exhibe cual pistolero desenfundando el mérito de un lenguaje vertiginoso a modo de latigazo y de una belleza natural tal un atardecer.

¿Por qué afirmo lo anterior? Porque escoge las palabras milimétricamente para conseguir el efecto pretendido: dibujar las escenas hasta otorgarles la dimensión precisa que las vuelva diáfanas: «El portal olía a comida casera y a vecindad añeja, a humedad y a zaguán recién fregado». Todos hemos reconocido haber entrado en este portal o en uno similar, el recuerdo del “nuestro” enmarca el de la autora y le da vivencia de barrio, de cercanía, de confidencia en el rellano, de guisote de puchero desprendiendo aromas maravillosos al sobrepasar la puerta de la vecina. Esta escritora es una orfebre que engasta piedras preciosas sobre las joyas de su narrar tan delicioso: «como inquilinos habitando una nostalgia resistente al desahucio»…

Destaca el uso mágico que hace de las figuras literarias, diseminadas a lo largo del texto como guindas que ornan sin deje alguno de chabacanería las meditaciones profundas e íntimas en las que se sumerge la protagonista. Valga el botón de muestra de esta prosopopeya urbana: «Las grandes ciudades nunca duermen y nunca se callan del todo; siguen latiendo de noche porque la muerte es un lujo que no pueden permitirse».

Hay apocalipsis en la prosa poética donde navega al evocar pasados, desmenuzar presentes y predecir futuros: «Delirios de sábado ocioso y maldito, malgastado de nada. La luna desperdiciada, los deseos baldíos…». Hay verdades grandes como templos, acaso extraídas de lo profundo, donde habitan los secretos más inconfesables, el territorio del pensamiento que nunca debió traspasar la frontera de la mudez para internarse en la reflexión oral… ¿O sí?: «Siempre he perseguido un tipo de amistad que no se limite a un intercambio de soledades […] Siempre he buscado amigos a los que poder entregarme sin condiciones, sin reservas. Esa clase de amigos que con sólo una mirada saben qué humor toca y cómo deben actuar…».

Adopta como propios los ecos musicales más o menos pretéritos, paladeando las letras de John Lennon o Serrat a Radio Futura y Míkel Erentxun, reconstruyendo Diana en su mente aquellos programas de televisión míticos, forjadores de toda una generación de teleadictos vespertinos. ¿Ejemplos? Heidi, Verano Azul, La casa de la pradera… Novela sobre literatura revisitada, aquella que jalonó la juventud de la protagonista: desde El guardián entre el centeno hasta Nubosidad variable pasando por el fraguador de pensamientos propios: El club de los poetas muertos.

Tiene muchas lecturas el juego íntimo que aquí se nos brinda, puedo imaginar el cosquilleo para el cerebro de una lectura en voz baja pegada al oído; aunque se presta también a otra silenciosa permitiendo el aullido emitido por estos descarnados sentimientos, e inclusive cabe un juego a priori pérfido y sin embargo válido en este escenario: el de barajar los capítulos salteándolos, sin que por ello pierda fuerza y sentido el contenido de este libro.

«Ya no hay molinos en La Mancha. No al menos como los que ilustran los libros del Quijote. O quizá los hay, pero no se ven desde este tren», se nos dice en el ocaso de la novela, cuando periclitan esas meditaciones de Diana al llegar al «fin de los sueños adolescentes, con diez años de retraso». Este despertar de la protagonista coincide con el desvanecimiento de la obra, con su final, no otra cosa sino un principio, una partida en tren hacia el destino de la nueva vida al aguardo.

Y al aguardo nos quedamos de la siguiente joyita que nos regale Marina Fernández, porque si debuta con esta obra madura pese a emanar de quien no está sino en la génesis de su carrera, con el bastión de su saber hacer literario, con un estilo propio ya consolidado, le auguramos éxitos venideros y le deseamos el reconocimiento por editores, primero, y público.
Este último, no me cabe duda.

Mención en el blog LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS




http://santy-lavidasecretadelaspalabras.blogspot.com/2011/05/los-patos-de-central-park.html



"LOS PATOS DE CENTRAL PARK de MARINA FERNANDEZ BIELSA es una novela que reúne todo lo necesario para disfrutar de la buena literatura, es una novela fácil de leer, fresca, bella, con la que nos podemos sentir identificados una generación que crecimos con verano azul, barrio sésamo, Disney, etc, pero sobre todo es una novela que habla de la vida, de la vida de Diana, que podría ser la vida de cualquiera de nosotros.

Primera novela de su autora y no se podía haber estrenado mejor...Gracias a Antonio Gómez Rufo que la recomendó en el periódico el día del libro, gracias a él he disfrutado de esta historia que era justo la que necesitaba en estos momentos en los que la "nostalgia" es el protagonista de mí película.

Ojalá os animeis a leerla muchos porque la vais a disfrutar y porque su autora se merece al menos tanto éxito como calidad tiene la novela, y ya digo de antemano que es muy alta."

RESEÑA DE FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS

Publicada en la revista digital Ágora, papeles de arte gramático



Diana es una joven que cuando conecta con alguien con el que comparte inquietudes, gustos y obsesiones literarias fuera de lo común, su emoción inicial se ve frenada por una desconfianza que se vuelve desasosiego si esa persona se interesa por ella en aspectos extraliterarios (Pág. 26), ya que inmediatamente piensa en Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, quien, como ella, veneraba la novela de J.D. Salinger “El guardián entre el centeno” y adoraba a su antihéroe, Holden Caulfield, ese mismo que descubre que no hay ningún guardián que nos salve del abismo que se extiende tras el campo de centeno. Y que es necesario atravesarlo para crecer, aunque crecer signifique vagar (Pág. 24-25).

Pues yo he sentido esa especie de desconfianza al conectar, desde la segunda página, con la novela de Marina Fernández Bielsa, no por que, como su personaje, creciese en los 70 del pasado siglo, que me tocó hacerlo un poco antes, pero sí por que leí esa novela, me pregunté dónde iban los patos de Central Park en invierno y no tuve más remedio que ver las series Marco, Vikie el Vikingo, Mazinger Zeta, Orzowei, La casa de la pradera y otras que nos marcaron.

Nuestros caminos, afortunadamente, se separaron cuando ella reconoce que nació en Madrid y no en el Mediterráneo. Por eso ella sabe que en la ciudad con playa, donde ha encontrado trabajo como periodista, no encontrará lo que está buscando (Pág. 16).

Marina Fernández Bielsa ha escrito, en efecto, un libro intimista y reflexivo, en primera persona, muchas veces casi un monólogo, compartido otras con la lectura de sus propios diarios, de las cartas que escribió o que recibió, de los correos electrónicos, o de los SMS; un libro, que conectará con el lector o lectora que haya crecido con aquellas series, o con Barrio Sésamo, o con la primera emisión de Verano Azul; con las viejas canciones- ya de color gris- de Ismael Serrano, de Radio Futura, de Ismael Serrano, o de los inevitables Joaquín Sabina y Juan Manuel Serrat.

Un libro de esa generación mileurista y engañada acerca de sus posibilidades. Que se iban a comer el mundo y el mundo acabó por devorarlos (Pág. 8), no se trata de esta generación perdida que ahora lucha por encontrar su lugar alrededor del movimiento 15M, no. Más bien eso a quienes “creo”, “quizá” y “tal vez” son las expresiones que mejor les definen (Pág. 9).

La protagonista siente que toda esa vida de la que tanto espera en la ciudad con playa se le desmorona cuando Rebeca, tras ocho años de silencio, le habla de un accidente del que no habría querido enterarme nunca (Pág. 32). Entonces los recuerdos regresan como lápidas al presente, y se ve obligada a crecer, como Holden Caulfield, con diez años de retraso.

Óscar y Rebeca, su inquebrantable primera amistad, que no soportó los golpes de la vida; la relación casi destructiva que mantiene con Miguel, o con Víctor, todo viene al momento presente, cuando, ahora sí empieza a saberlo, desde el futuro las cosas se ven más claras (Pág. 24).

La novela de Fernández Bielsa es también un libro de esa soledad de los adioses inevitables, adioses a las ilusiones, a las esperanzas. Por que, cuando ya te sabes las respuestas de la vida, te cambian las preguntas (Pág. 88). De asumir el fin de los sueños adolescentes, como comentaba antes, aunque sea con diez años de retraso (Pág. 94).


Francisco Javier Illán Vivas

Mención de JORGE DÍAZ en CULTURAMAS

El escritor Jorge Díaz, autor de Los números del elefante (Planeta, 2009) menciona la novela en su columna de Culturamas "No te signifiques".

A Marina Fernández Bielsa, que ha escrito una novela que se llama “Los patos de Central Park” y es estupenda, con una de las mejores frases que he leído últimamente: “Qué le voy a hacer si yo nací en Madrid y no en el Mediterráneo. Mi niñez no juega en una playa, ni siquiera en una acera, sino en un patio de colegio y en los jardines del Retiro”. Una novela llena de recuerdos generacionales: canciones, series de televisión, libros… Y me sorprende tener una docena de años más que ella y reconocerlos todos: Verano Azul, y si esta noche quieres ir a bailar vete poniendo el disfraz de pecadora…, Tokio ya no nos quiere… O cambiamos poco o ella los ha escogido tan bien que da igual la edad que tengas para identificarte y entender su historia.


Lee la columna completa aquí:

http://www.culturamas.es/blog/2011/06/27/no-te-signifiques-29/

RESEÑA DE SONIA FIDES

Reseña de Sonia Fides en su blog:
Mademoiselle joue avec son revolver




Aunque siempre lo intuí he necesitado leer este libro para confirmar, aseverar y asumir que pertenezco a la generación de los cautivos. Da igual que la autora sea algunos años más joven que yo,da igual que en esta novela de confirmaciones y frases hermosa exista un párrafo casi al final que hubiera podido destrozar la novela("A mis treinta años ya tengo asumido que la vida es una ladrona. Y una traidora. Maquina injusticias que se sirven frías, mezcladas con clavos de derrota que no queda más remedio que tragar, aunque desgarren la garganta y se claven cerca del corazón o queden atravesados en el estómago, como una mala úlcera que acaba sangrando con cada nuevo sinsabor. Dicen que el amor llega sin avisar. Pero también la traición y la injusticia. Y la verdad...") desde el 68 hasta el 75 todos somos hijos de esa generación de cautivos de la que hablaba más arriba. Somos cautivos del pasado, de todas las canciones que descubrimos o nuestros hermanos mayores nos regalaron. De algunas series de televisión, del futuro que le ofrecían a nuestros ojos infantiles, de un montón de frases literarias que parecían revelarnos los intringulis de la vida entera. Somos los hermanos menores de los primeros robots catódicos, los hermanos mayores de aquella niña a la que el destino subía hasta lo más alto de la montaña. Somos también los hijos bastardos del futuro y de eso va esta novela que confieso que nunca habría comprado de no ser por la explícita referencia de su título a mi venerada novela de Salinger. Yo aún sigo esperando la respuesta a la incognita, aunque como la autora, también finja haber cambiado algunas preguntas. Me alegro de haber encontrado esta historia, me alegro de haberla leído, me alegro de pertenecer a la generación a la que pertenezco, me alegro de seguir esperando al futuro y sobre todo me alegro de serle fiel a mi pasado, a sus manos y a las manos de todos aquellos que tan generosamente me cuidaron para que llegara lo más intacta posible al futuro. Sin duda hay que darle las gracias a la autora que ha sabido y ha querido contar lo que somos, todos sabemos que los secretos generacionales son a veces una losa muy pesada y que no todos los escritores tiene los músculos lo suficientemente tonificados para llevar a cabo esta empresa. Para mí es ya uno de los imprescindibles. Una autopsia con la mesa limpia después de cada incisión. Hay mucha sangre en cada movimiento, pero Marina Fernández Bielsa sabía que dejar que la sangre de los distintos órganos vitales se fueran mezclando sobre la mesa de operaciones hubiera sido un gravísimo error para la historia. Una estupenda primera novela. Me apunto el nombre de la autora. Tiene pinta de volver a darme lo que necesito cuando me siento a leer.