Ilustración de José Bielsa

B.S.O.: NO ES AMOR _ LOS SECRETOS



"Sé que Víctor nunca va a enamorarse de mí. Nuestra relación me recuerda a una canción de Los Secretos: Has visto demasiadas películas rosadas y te lo has llegado a creer / qué esperas de la vida, ya no eres esa cría, sólo queda lo que ves / tu príncipe soñado ya viene retrasado y mi oferta sigue en pie / Ya sé que no es amor, pero está bien. / No esperes ahí sentada o soñando con la almohada, todo te salió al revés./ Ya sé que no es amor, pero está bien.
A veces pienso que Enrique Urquijo la escribió sólo por mí. Soñaste tantas bodas y despertaste en todas tan sola al amanecer / qué quieres que te diga la noche se hace fría y no para ningún tren / Aquella vieja almohada y mis manos en tu espalda es lo que te puedo ofrecer / ya sé que no es amor, pero está bien.
Espero algo más, también en el amor. Conocer a alguien, volver a enamorarme, que se enamoren de mí. Jugar a la seducción, sentir burbujas en el estómago y escalofríos en la piel. Pasión, sexo salvaje. Parece mentira. Seguir creyendo en estas cosas, seguir esperando que pasen. Caer en la trampa del imaginario sentimental de teleserie juvenil o de protagonista de comedia romántica con el que he crecido y tener fe en que algo bueno me puede pasar en cualquier momento". 


B.S.O: JOAN MANUEL SERRAT

"Al final nunca pasa nada o pasa todo hasta que se vuelve nada. Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar. Descubrí a Machado por las canciones de Serrat. Serrat forma parte de mi infancia como los bocadillos de Nocilla o Verano Azul."

 

"Mi madre tenía un magnetofón antiguo en el que grababa canciones mientras me hacía callar llevándose el dedo a los labios. Se quedaba muy quieta, escuchando la música, y yo no entendía por qué se ponía tan triste, así que la abrazaba. Ella me pasaba un brazo por los hombros y me estrechaba con fuerza debajo de su axila. Yo sentía que me asfixiaba y me zafaba como podía, corriendo por el pasillo hasta mi habitación. Unos años después era yo la que lloraba oyendo cintas en el walkman. Qué va a ser de ti lejos de casa, nena qué va a ser de ti. Canciones que también nos acompañaban en el coche, en aquellos viajes a ciudades como Salamanca o Córdoba que a mí me parecían lejanas y exóticas."

 

LOS PATOS DE CENTRAL PARK CELEBRAN SU PRIMER AÑO



Hace un año que Los patos de Central Park llegaron a las librerías.

En estos meses la novela ha ganado lectores y amigos.

Gracias a todos.

Este aniversario es oportuno para recordar las palabras que el escritor Antonio Gómez Rufo dedicó a la novela en la presentación.




"LOS PATOS DE CENTRAL PARK es una primera novela que no parece una primera novela. Una novela necesita atrapar para conmover, y Marina ha demostrado conocer esos resortes para emocionar desde una literatura perfectamente correcta y un lenguaje preciso que no deja espacio para concesiones a los convencionalismos ni los lugares comunes. Creo que ha descubierto el truco y nos lo muestra sin pudor en la página 8, en donde podemos leer: "Los lugares son sólo lo que ponemos en ellos".  Y como los libros también son lo que en ellos ponemos, Marina ha escrito lo que quería transmitir a sus lectores de una manera honesta, limpia y sin artificios.

Hay una vieja novela, El príncipe negro, de Iris Murdoch (la escritora irlandesa que la publicó en 1973), que me vino a la memoria mientras leía Los patos de Central Park. Ahora creo que fue porque, como en aquella, en esta novela se utiliza a los personajes como carga simbólica del protagonista, de la protagonista en el libro de Marina, y porque también la melancolía lo preside todo, esa sensación compuesta por emociones, recuerdos y nostalgias.  

Porque en esta novela se describe un viaje hacia fuera y un viaje hacia dentro. Desde el pasado al presente y del presente al futuro. Es, en definitiva, la búsqueda de un futuro, dejando atrás un tiempo descrito como feliz, pero que es un autoengaño porque en realidad no lo fue.

El pasado de Marina, al menos el pasado reciente, no fue feliz. Por eso ha sabido acertar a la hora de escribir esta novela. Y por eso nos alegramos doblemente: porque ese pasado quedó atrás y porque ahora conocemos a una mujer mucho más completa y, estoy seguro, también mucho más feliz".


RESEÑA DE CARE SANTOS EN EL CULTURAL




Reseña de Care Santos en El Cultural de El Mundo.


"Una novela puede inspirar una amistad o un asesinato. Esa es la verdad, discreta, que revela esta novela, cuya treintañera protagonista descubre que El guardian entre el centeno, de Salinger, que para ella significó la puerta de acceso a la mejor amistad -y la mejor temporada- de su vida, también fue la inspiración del asesino de John Lennon. La vida, parece decir la protagonista, es un arma de doble filo. También los recuerdos.

En estas páginas, intimistas, descarnadas, poéticas, de su primera novela, Marina Fernández (Madrid, 1974) nos propone un hermoso viaje a través de los recuerdos. Tiene mucho de generacional, pero se adivina tejido con mimbres autobiográficos. Diana, la narradora, pasa revista a las relaciones que más hondo han calado en su vida: el amor nunca olvidado de Miguel y la amistad a tres bandas con Rebeca y Óscar, que reaparece en la edad adulta, reconvertida en memoria dolorosa.

Diana pertenece a una generación que creció viendo Barrio Sésamo, Verano Azul y las películas Disney. La misma que al llegar a la madurez debe enfrentarse a un abismo y una desazón similares a los de Holden Caulfield, el protagonista de la omnipresente novela de Salinger, preguntándose sin cesar -y encajando la falta de respuestas- qué hay más allá, dónde está el que vela por nosotros, a dónde van los patos de Central Park en invierno, cuando se hiela el lago."




RESEÑA DE ANTONIO PARRA EN SUPLEMENTO "ABABOL" DE 'LA VERDAD DE MURCIA'

Un guiño a la primera generación madura del siglo XXI, la formada por quienes nacieron a finales de los años 70, es el motor de esta obra de Marina Fernández Bielsa, una pieza intimista con la que debuta en el mundo de la novela y que arrancará más de un recuerdo a los lectores mientras asisten a la búsqueda de la identidad que Diana, su protagonista, lleva a cabo durante sus páginas. Nunca se es demasiado joven para vivir cuatro o cinco vidas, ni demasiado mayor para disfrutar con novelas como ésta.

(LA VERDAD, "ABABOL", 8/10/2011)

ENTREVISTA DE GUILLE ORTIZ EN Literaturas.com


Así empieza la entrevista de Guille Ortiz para la revista de Literaturas.com

Nunca he tenido prejuicios y miedos. Simplemente escribía.

Caricatura de Diego Abelenda

Marina Fernández Bielsa (Madrid, 1974) acaba de publicar su primera novela, "Los patos de Central Park" (Alfaqueque), donde el lector puede disfrutar del eterno dilema entre el amor y la amistad, el pasado y el presente. Puede revivir las inevitables tensiones de la melancolía y sentir la necesidad, a la vez, de volver al lugar al que perteneció y se formó como lo que ahora es, sin estancarse ni renunciar al progreso. "Los patos de Central Park" tiene un punto nostálgico y adolescente, como se desprende del propio título de la novela, homenaje a Holden Caulfield, y sin duda retrata determinadas constantes de una generación que ahora por fin parece estar alzando la voz y exigiendo su lugar en el mundo. El mismo lugar que Diana, la protagonista, se dispone a encontrar en la novela.
       



¿Cuándo se deshace uno por fin de la adolescencia?
-¿Es que eso es posible? Decía Max Aub: “Uno es de donde hace el bachillerato”. La etapa de los descubrimientos, de una incipiente independencia, de sentimientos y experiencias que nunca se ha tenido antes y que, en ocasiones, no se vuelven a repetir es algo que marca a cada persona. Tanto en lo positivo como en lo negativo. Por otra parte, la sociedad es cada vez menos adulta. Los cambios sucesivos y rápidos, la necesidad de adaptarse y reinventarse constantemente, el hedonismo y la inestabilidad emocional propia de la adolescencia se extiende hoy a casi todas las edades.
¿Qué tiene tu novela de terapia, un punto y aparte necesario para afrontar otra etapa de tu vida y tu carrera?
- La escritura, en general, es un ejercicio de terapia. No tanto en el sentido de volcar obsesiones o frustraciones, que a veces es algo que inevitablemente se produce, sino en la disciplina, el esfuerzo y la concentración que requiere y, sobre todo, en la evasión que supone. Mientras escribes olvidas tu mundo real, tus rutinas habituales y te sumerges en otro mundo que te absorbe por completo. Si tu vida no pasa por buenos momentos, la escritura puede salvarte de la tristeza y la soledad.
“La novela generacional” tiene grandes defensores y grandes detractores y en cualquier caso muchísimos manuscritos apilados en editoriales. ¿Es posible dirigirse a una generación sin perder de vista al resto de los lectores?
- La etiqueta de “generacional” es, en cualquier caso, un componente más de cualquier novela, no el único. Hay otros elementos que hacen que una obra interese o guste. Recrear una época común puede ser un enganche, pero debe haber algo más para ganarse a los lectores.
El otro día, un editor importante me preguntó “¿Cómo le vendo yo tu novela a mi abuela, cómo la convenzo de que le va a interesar?” Inténtalo tú con la mía.
- Podría enunciar unas cuantas frases de marketing tan en boga en el sector editorial, del tipo: “Le hará comprender mejor a su hija y a su nieta”, o “se lee de un tirón”, o “refleja la crisis de los treintañeros” o “le hará recordar un pasado reciente”. Pero lo que honestamente haría es darle a leer las primeras páginas. Si no le gustan, le aconsejaría que la dejara. La lectura debe ser siempre un placer, nunca una obligación ni un suplicio. No todas las novelas tienen que interesar a todo el mundo.
En una intervención maravillosa, Marsé declaró hace tiempo en plena ceremonia de entrega de los Premios Planeta que los jóvenes de ahora no querían escribir sino “ser escritores”, es decir, no les preocupaba tanto la calidad como la fama. Ahora que te mueves más en el “ambiente literario”, ¿cuánto crees que hay de verdad en eso?
- Jajaja, hay de todo. Pero como en cualquier profesión, imagino. Habrá quien tenga interés y vocación en lo que hace y le preocupen la calidad y el trabajo bien hecho y quien desee medrar, ganar dinero o fama, sea escritor, médico o maestro. Reconozco que los escritores, y los artistas en general, tienen un ego más sensible, se sienten valorados según el éxito de su obra. Y vivimos en una sociedad que solo parece reconocer el mérito en función de la popularidad o las ventas. Quien escribe aspira a ver su obra publicada, y una vez publicada a que se venda, y para que se venda tiene que tener “visibilidad”, es decir, publicidad. Son las leyes del mercado. Y después están las personas, y se dan combinaciones de todo tipo.
¿En qué momento de tu vida dejas atrás todos los prejuicios y los miedos y dices “soy escritora”?
- Nunca he tenido prejuicios y miedos. Simplemente escribía. Empecé con relatos cortos que enviaba a concursos. Después conocí al escritor Antonio Gómez Rufo, que prácticamente me “obligó” a escribir una novela durante los meses que asistí a su taller literario. Ese fue el primer embrión. Después le di muchas vueltas, la podé mucho y tres años después estaba lista. Mientras tanto no dejé de escribir. Abrí el blog (http://areaddescanso.blogspot.com) y empecé a participar en el Taller Literario Bremen, donde cada dos semanas se escribe y se lee un relato en voz alta que luego es comentado y analizado literariamente por el resto de los participantes.

La entrevista completa en:
http://www.literaturas.info/revista_int.php?IdElement=43&IdSubElement=9&IdSubSubElement=424


RESEÑA EN LETRATLÁNTICA, POR FRANCISCO GÓMEZ ESCRIBANO

Reseña de en Francisco Gómez Escribano en el blog Letratlántica.

http://letratlantica.blogspot.com/2011/09/los-patos-de-central-park-de-marina.html



Los patos de Central Park
es un texto que cuenta con más de una virtud, lo que lo convierte en una lectura agradable y muy sugerente, especialmente para los que hoy día vagamos en las turbias aguas de los treinta y tantos y cuarenta y pocos. Lo más notable de Los patos es que, tratándose de una obra intimista, como nos desvela desde el inicio la contraportada, no se detiene en inútiles regodeos, y está relatada de forma directa y concisa, haciendo gala de un lenguaje que guarda un elegante equilibrio entre la morosidad propia del estilo y el obligado transcurrir de la historia. Historia que revela el contexto vital de una mujer, Diana, cuyo pasado la ha impulsado a un presente de cierto marasmo existencial. Para plantear esta situación, Marina Fernández se sirve del recurso a las lecturas, las músicas “de juventud”, esos materiales de aluvión con los que comenzamos a construir nuestra identidad adolescente, y que se quedan incrustados de por vida en nuestra memoria y nuestro propio organismo.

Como advirtió la autora en la presentación del libro, Diana no es Marina, pero creo que es evidente que Diana toma mucho de Marina, y esto precisamente aporta un interesante grado de autencidad al texto, sin el cual el resultado final sería un tanto pobre, pues, al fin y al cabo, estamos ante un ejercicio de “búsqueda del tiempo perdido” que, como el más famoso de todos ellos, podría resumirse en una sola línea, de forma que el argumento carece de fuerza suficiente para ponerse en pie por sí solo, sin el concurso de las evocaciones. Y aquí reside el pequeño problema de esta obra notable: cuando las lecturas, las canciones que jalonan el discurrir de los pensamientos y emociones de Diana pierdan su facultad de evocar (para lo que basta el natural paso de las generaciones), Los patos se volverá una narración difícil de descifrar, a falta de su clave más íntima y necesaria.

En todo caso, invito al lector a acercarse a esta exploración vital y a imbuirse de su ambiente melancólico, pues a buen seguro dentro podrá hallar eco de sus propios malestares y, quién sabe, hasta algo de consuelo.